“Más que un foco, el camino hacia nuestra autonomía”
Quiero empezar compartiendo una experiencia personal, cuando era niña y cursaba la secundaria, llegó el momento de elegir un taller, recuerdo perfectamente las opciones: corte y confección, taquimecanografía (que, por cierto, ya es cosa del pasado), dibujo técnico y electricidad, entre otros. Esa tarde llegué a casa entusiasmada y le conté a mi mamá que elegiría electricidad. Me parecía fascinante y, sobre todo, útil para el futuro.
Sin embargo, la respuesta de mi madre fue un "no" rotundo. ¿La razón? Según ella, era un taller exclusivamente para hombres. Intenté explicarle que quería aprender a cambiar un foco o un fusible por mi cuenta, cosas básicas que cualquier persona debería saber, pero su postura no cambió: "Eso es para hombres; tú debes aprender cosas de mujeres, como corte y confección". Así fue como terminé en taquimecanografía, una habilidad que hoy ya no tiene utilidad.
Esta historia me hace reflexionar sobre cómo, a veces desde el propio hogar y de forma inconsciente, se nos limita por costumbres marcadas por el género. Esta vivencia es un pequeño reflejo de la lucha que las mujeres han librado a lo largo de la historia.
Si recordamos nuestras clases de Derecho Civil, los atributos de la persona incluyen la capacidad: esa aptitud legal para ser titular de derechos y obligaciones, y que para los romanos, el único sujeto de derecho plenamente capaz era el paterfamilias, quien debía ser un hombre libre y ciudadano, las mujeres de esa época eran consideradas incapaces por el solo hecho de serlo, y solo podrían ser vistas siempre bajo la representación masculina.
Otro atributo que revela esta desigualdad es el nombre. Por tradición durante varias décadas en México muchas mujeres casadas o viudas han utilizado el apellido de su marido, a veces incluso sustituyendo los propios, aunque la legislación mexicana no lo exigía en su momento, es una práctica social que durante mucho tiempo colocó a la mujer en una situación de "minusvalía", como si fuera una pertenencia de su cónyuge, adicional a que creaba confusión y hasta generaba problemas en su propia identidad; afortunadamente, gracias a la conciencia de los movimientos actuales, esta costumbre está desapareciendo.
En México, el camino hacia la igualdad ha tenido avances fundamentales, como el derecho al voto, según el INE, este reconocimiento llegó tarde, hasta 1953, tras una larga lucha, aún así, hoy enfrentamos retos estructurales: el 21% de las mujeres todavía siente que debe pedir permiso a su pareja o familia para participar en actividades comunitarias, y un porcentaje considerable aún ve condicionada su autonomía al votar, especialmente en comunidades indígenas.
Pero estamos avanzando, un gran ejemplo es el derecho a elegir el orden de los apellidos, históricamente, el apellido paterno siempre iba primero, perpetuando un legado patriarcal, hoy, gracias a las reformas al Código Civil y a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (publicadas en febrero de 2023), los padres pueden acordar el orden de prelación, este es un triunfo real para la equidad en México.
Falta mucho trabajo por hacer, pero al mirar atrás —desde la generación de mi abuela y mi madre, hasta la mía— veo un cambio profundo, Me llena de orgullo ver a mujeres líderes, libres y llenas de conocimiento y que lo compartimos, por ejemplo, este espacio me alegra que sea nuestro.
Y si te preguntabas: sí, al final aprendí a cambiar focos, cajas eléctricas y muchas cosas más, si lo hice al día de hoy cuando es necesario lo hago en casa; pero lo que realmente importa y el mensaje que quiero transmitirte, es que nadie puede limitarnos a decirnos qué podemos o no podemos hacer, todos tenemos la misma capacidad para lograr cualquier meta que nos propongamos en la vida.
*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX.