El arte de liderar sin instructivo
Montserrat Saldaña y Luis Hernández
06 de Noviembre, 2026

Nadie nos da un instructivo para liderar. Un día te asignan un equipo, un cliente o cuenta, la responsabilidad de que todo salga bien, y aprendes sobre la marcha. Muy pronto descubres que dirigir no es repartir asuntos ni ser quien contesta todos los correos: es entender a las personas, resolver conflictos y no perder de vista el objetivo.


Cada decisión que tomamos frente a nuestro equipo deja una huella y se convierte en una referencia para quienes vienen detrás, muchas veces sin que seamos plenamente conscientes de ello. Por eso, es importante liderar con intención.


En ese contexto, vale la pena reflexionar sobre lo que las mujeres aportan al ejercicio del liderazgo. En nuestra profesión, liderar significa equilibrar todos los días entre lo que exige el asunto, lo que necesita el cliente y el crecimiento de quienes trabajan contigo. Hacerlo desde una perspectiva femenina no significa tener un estilo único ni cualidades exclusivas; significa reconocer que las experiencias, la formación y las distintas maneras de abordar los retos profesionales pueden convertirse en una ventaja.


Una de las grandes aportaciones de una líder es la capacidad de escuchar, comprender las inquietudes de un equipo, identificar las fortalezas de cada integrante y reconocer las circunstancias que influyen en su desempeño dando entrada a la empatía.


Eso no quiere decir que todo sea consenso. Liderar implica tomar decisiones que no a todos les van a gustar. La cercanía con el equipo no te quita esa responsabilidad; te obliga a ejercerla con congruencia. El arte está en saber cuándo escuchar, cuándo decidir, cuándo acompañar, cuándo exigir o, cuándo soltar.


Existe una idea que no siempre es fácil de aceptar: liderar no significa ser quien más sabe, sino reconocer el talento de cada integrante y saber cómo potenciarlo. Siempre habrá alguien que redacte con mayor precisión, negocie con más facilidad o domine mejor una materia, y eso no representa una amenaza, sino una oportunidad para fortalecerse como equipo. Porque el verdadero liderazgo también implica tener la humildad de aprender de los demás, hacer preguntas sin temor y reconocer que, en ocasiones, la mejor decisión es dejarse enseñar por quienes nos rodean.


El buen liderazgo no depende de características que se atribuyan a hombres o mujeres como si fueran universales, sino de las acciones y los comportamientos que lo definen. Al final, no se trata de quién lidera, sino de cómo lo hace.


La presencia de más mujeres en los espacios de toma de decisiones aporta nuevas miradas y contribuye a construir entornos en los que las oportunidades dependan cada vez más del talento, la preparación y los resultados. No se trata de afirmar que un género lidera mejor que otro, sino de reconocer que las organizaciones alcanzan su mayor potencial cuando valoran la diversidad de capacidades y generan las condiciones para que todas las personas puedan desarrollarlas.


Aunque ha habido avances, todavía hay camino por recorrer, sobre todo en los puestos donde se define el rumbo de una organización. Según el IMCO, en las empresas listadas en bolsa las mujeres encabezan apenas 3% de las direcciones generales y 15% de las direcciones de finanzas, y de seguir el ritmo actual la paridad en los consejos de administración no llegaría antes de 2043. Esos números no describen a mujeres que no quieren dirigir; describen espacios que todavía no se abren con la misma facilidad.


Tampoco existe una única manera de ser mujer ni de ejercer el liderazgo. La maternidad, la vida familiar o las decisiones personales no determinan la capacidad de dirigir. Cada trayectoria es distinta, y esa diversidad de experiencias es precisamente una de las razones por las que el liderazgo no cabe en un solo molde.


Lo que sí influye es el contexto. De acuerdo con el IMCO, con base en la ENOE del INEGI, la participación económica de las mujeres en México pasó de 41% a 46% en las últimas dos décadas, frente a 75% en el caso de los hombres, y nueve de cada diez personas que dejan el mercado laboral para dedicarse a los cuidados son mujeres. Por eso, abrir espacios de liderazgo no depende solo de la voluntad individual, sino también de que las organizaciones entiendan estas realidades y las acompañen.


Al final, liderar desde una perspectiva femenina no consiste en demostrar que las mujeres pueden hacer lo mismo o más que los hombres, ni en establecer una fórmula distinta para dirigir. Consiste en ejercer el liderazgo con autenticidad, aprovechar las fortalezas propias y entender que la autoridad adquiere mayor valor cuando se acompaña de criterio, responsabilidad y resiliencia. 


Posiblemente el mayor valor de una líder no radique en cómo se distingue de los demás, sino en lo que consigue construir junto con su equipo.


Si hoy diriges un equipo, o estás por hacerlo, quizá la pregunta no sea qué tipo de líder deberías ser, sino qué quieres que tu equipo pueda lograr y qué ejemplo quieres dejarles a quienes un día liderarán.


*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y autor, y no necesariamente reflejan la posición de Abogadas MX.

Montserrat Saldaña

Montserrat Saldaña es Asociada de Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes, firma a la que se incorporó en 2012 y donde actualmente es titular de la práctica de Servicios Corporativos. Es licenciada en Derecho por la Universidad Iberoamericana (2014) y cuenta con un Diplomado en Derecho Societario por la Escuela Libre de Derecho. Cuenta con más de diez años de experiencia en materia corporativa y regulatoria, asesorando a empresas nacionales e internacionales de distintos sectores.

Luis Hernández

Luis Hernández es asociado de Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes, firma a la que se incorporó en 2022 como parte del área de Servicios Corporativos. Es licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México (2012). Cuenta con más de diez años de trayectoria en el ámbito notarial, corporativo e inmobiliario, con experiencia en operaciones societarias, compraventas, financiamientos, fideicomisos y otros actos relacionados.

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