Mentoría: privilegio y responsabilidad
Daniela Garza y Paula de Uriarte
01 de Septiembre, 2026

Hay una serie de elementos propulsores en el camino del desarrollo y crecimiento profesional, entre ellos la constancia y el compromiso, la capacitación continua, la actualización técnica, la habilidad de identificar áreas de mejora y trabajar activamente en ellas, la proactividad para asumir nuevos retos y oportunidades, la comunicación efectiva, el aprendizaje continuo y la organización. Ahora bien, dichos elementos propulsores no se agotan en habilidades y cualidades individuales, sino que también comprenden la influencia de personas cuya incidencia marca nuestra trayectoria profesional de manera contundente: las personas mentoras.


Nuestro camino de estudiantes a abogadas, y el trayecto que aún nos queda por recorrer, ha sido moldeado por el apoyo continuo de personas que, incluso sin advertirlo, se han convertido en personas mentoras y referentes en nuestras vidas profesionales. El acompañamiento y la orientación de las personas mentoras han implicado la transmisión de conocimientos prácticos, como recomendaciones para efectuar investigaciones jurídicas más profundas, administrar prioridades y tiempos ante múltiples entregas y mejorar la redacción y estructura de nuestros trabajos, así como conocimientos técnicos.


Adicionalmente, la influencia de las personas mentoras se extiende a aspectos formativos más profundos. Nuestras personas mentoras han contribuido en gran medida, desde su experiencia, sus observaciones y su ejemplo, a la construcción continua de nuestro criterio jurídico, al fortalecimiento de nuestro pensamiento crítico y de nuestra capacidad para resolver controversias jurídicas, y han reforzado nuestra confianza en nuestras habilidades. Además, han contribuido a nuestra exposición ante clientes y terceros en el ámbito de la abogacía, lo que, en su conjunto, sin duda ha impulsado y continúa impulsando nuestro crecimiento profesional.


Reconociendo el impacto que la mentoría ha tenido en nuestro desarrollo profesional, consideramos que también es nuestra responsabilidad dedicar tiempo y esfuerzo a guiar a quienes están comenzando su trayectoria. La mentoría es una de las herramientas más valiosas para apoyar el crecimiento profesional y personal de las nuevas generaciones, y representa una oportunidad para transmitir no solo conocimientos técnicos, sino también experiencias, perspectivas y valores que difícilmente pueden adquirirse en un salón de clases o mediante capacitación formal.


Ejercer una buena mentoría implica mucho más que enseñar los aspectos técnicos de nuestra especialidad. También supone compartir cómo construir relaciones de confianza con los clientes, cómo destacar en un entorno profesional competitivo, cómo enfrentar situaciones complejas con criterio y profesionalismo, y cómo desarrollar hábitos de trabajo eficientes sin descuidar una vida personal plena. La mentoría consiste en ayudar a otras personas a enfrentar los desafíos de una carrera profesional de manera más informada y consciente.


En nuestra experiencia, las personas que más han marcado nuestro crecimiento han sido aquellas que se involucraron genuinamente en nuestro desarrollo. Gracias a ellas, aprendimos que la mentoría no es una actividad complementaria, sino una parte fundamental de la responsabilidad profesional. No basta con explicar conceptos complejos, revisar documentos o compartir recomendaciones. Una verdadera persona mentora se compromete con el crecimiento de quienes reciben su guía y celebra sus avances y logros como propios.


Con frecuencia, las conversaciones de mentoría implican brindar confianza en momentos de duda, ayudar a fortalecer la autoestima profesional, ofrecer perspectivas ante los obstáculos y demostrar, con el ejemplo, que los objetivos que parecen inalcanzables pueden lograrse. También implican compartir errores, lecciones aprendidas y experiencias personales que pueden facilitar el camino de quienes vienen detrás.


La mentoría no tiene género y su valor es universal. Sin embargo, como mujeres profesionales, reconocemos una responsabilidad adicional de apoyar e impulsar a las mujeres que nos rodean, especialmente cuando pueden enfrentar retos o circunstancias distintas a las de sus colegas hombres. Esto implica no solo acompañar a quienes forman parte de nuestros equipos de trabajo, sino también hacer un esfuerzo consciente por orientar y apoyar a otras mujeres que puedan beneficiarse de la experiencia de alguien que ya ha recorrido un camino similar. A través de estas acciones contribuimos a construir entornos más inclusivos, diversos y equitativos, donde el talento pueda desarrollarse plenamente, independientemente de las barreras que puedan existir.


Este compromiso puede percibirse, en ocasiones, como una responsabilidad adicional dentro de una vida profesional que ya demanda enormes esfuerzos y un tiempo cada vez más limitado. Sin embargo, la satisfacción que genera ver a otras personas crecer, superar obstáculos y alcanzar sus metas profesionales compensa la inversión de tiempo y energía. Esta gratificación es aún más significativa cuando se trata de abogadas que están dando sus primeros pasos profesionales y en cuyas experiencias podemos reconocernos. Tener la oportunidad de acompañarlas, compartir aprendizajes y contribuir a su desarrollo profesional constituye una de las facetas más enriquecedoras y humanas de nuestra profesión. Es, sin duda, una parte profundamente significativa de nuestra carrera y una de las formas más valiosas de retribuir el apoyo que alguna vez recibimos.


*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de sus autoras y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX:

Daniela Garza

Daniela Garza es Asociada de la práctica Inmobiliaria de Greenberg Traurig México, enfoca en transacciones inmobiliarias, así como en derecho corporativo, fusiones y adquisiciones. Su práctica abarca una variedad de actividades, incluyendo adquisiciones, desarrollo, construcción y operación de proyectos inmobiliarios. Ha asesorado a clientes internacionales en asuntos inmobiliarios y corporativos de los sectores industrial, comercial y turístico, particularmente en el establecimiento de operaciones de manufactura y operaciones comerciales para empresas de la industria tecnológica, médica, automotriz y textil, entre otras.

Paula de Uriarte

Paula de Uriarte es Asociada en Greenberg Traurig México. Enfoca su práctica en el derecho ambiental y regulatorio, así como en la práctica de energía y recursos naturales. En la práctica ambiental, cuenta con experiencia, entre otros, en el manejo integral de residuos, impacto y riesgo ambiental, uso de suelo, aguas, zona federal marítimo terrestre, emisiones a la atmósfera, desarrollo urbano y criterios ESG. Por otra parte, en la parte regulatoria, Paula ha participado en el análisis de cumplimiento normativo en materia sanitaria, incluyendo el etiquetado de alimentos, bebidas y productos. En la parte de energía, Paula tiene experiencia en temas relacionados con el cumplimiento de obligaciones en materia de electricidad, incluyendo renovables, gas y petrolíferos. Además, ha participado en la representación de clientes en procedimientos administrativos y litigios en materia ambiental, regulatoria y de energía.

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