Dirigir, acompañar y poner el ejemplo: el verdadero liderazgo en la práctica legal
Karen Luna
21 de Mayo, 2026

Durante mucho tiempo, el mando dentro de la práctica legal estuvo asociado exclusivamente con la jerarquía y la capacidad de delegar responsabilidades. En mis primeros años como abogada, bastaba con que quien encabezaba el equipo tuviera una posición jerárquica y delegara tareas para que el grupo las ejecutara sin mayor cuestionamiento. Quien ocupaba una posición de autoridad era, por ese solo hecho, considerado jefe, y su rol se limitaba en gran medida a distribuir tareas y supervisar resultados. Sin embargo, en entornos profesionales cada vez más dinámicos, inclusivos y colaborativos, esas características por sí solas han dejado de ser suficientes. Hoy, construir equipos sólidos y formar profesionistas exitosos exige mucho más que autoridad formal: requiere cercanía, congruencia y una disposición genuina a guiar y predicar con el ejemplo. Resulta indispensable que quien ejerce autoridad formal se mantenga en constante preparación y sea capaz de transmitir al equipo la motivación de crecer y mejorar continuamente. De no ser así, difícilmente logrará ganarse el respeto y la confianza de quienes le rodean.


En la práctica legal, donde los tiempos suelen ser demandantes y el margen de error reducido, es común encontrar estilos de autoridad basados exclusivamente en la presión o en la distancia jerárquica. No obstante, distintos estudios organizacionales han demostrado que los equipos más efectivos no son necesariamente aquellos sometidos a mayores niveles de tensión. Esto cobra especial relevancia en una era en la que la inteligencia artificial (una herramienta que, por su propia naturaleza, se limita a ejecutar las instrucciones de quien la opera) ocupa un papel cada vez más protagónico en nuestra profesión. Es precisamente en este contexto donde el valor agregado de un liderazgo genuino se vuelve insustituible: inspirar, formar criterio y dotar de sentido el trabajo de un equipo son capacidades esencialmente humanas que ninguna tecnología puede replicar, y que quienes ejercemos esta profesión como abogadas tenemos la responsabilidad de cultivar. 


Hay una frase que me gusta mucho: “Who we are is how we lead”. Es de Brené Brown, investigadora y profesora de la Universidad de Houston, mundialmente reconocida por su trabajo sobre la vulnerabilidad, el coraje y el liderazgo, plasmado en diversas obras, entre ellas su libro Dare to Lead. Fue una frase que se me quedó muy grabada porque me parece que, en nuestra profesión, solemos creer que el liderazgo se construye únicamente a partir de los conocimientos técnicos o de la posición que ocupamos dentro de una estructura; sin embargo, esta frase nos confronta con algo mucho más profundo: lideramos desde lo que somos, desde nuestra autenticidad y desde nuestros valores.


Lo anterior no constituye únicamente una reflexión teórica: el Project Aristotle, un estudio interno conducido por Google en el que se analizaron aproximadamente 180 equipos de trabajo, concluyó que el factor determinante para el alto desempeño de un equipo no radica en el talento individual de sus integrantes, sino en la seguridad psicológica; esto es, la confianza de cada miembro en que puede expresarse, equivocarse y mostrarse vulnerable sin temor a represalias. Dicha seguridad psicológica únicamente puede construirse cuando quien lidera lo hace desde la congruencia, empatía y la autenticidad.


Para quienes ejercemos la abogacía, esto significa que la forma en que nos conducimos, cómo enfrentamos la presión, cómo tratamos a nuestros equipos y cómo asumimos nuestros errores, comunica mucho más que cualquier instrucción que podamos dar. Liderar con congruencia no es solo una aspiración; es, en última instancia, lo que distingue a un jefe de un verdadero líder.


Quienes hoy nos dedicamos a esta profesión, y en particular, nosotras como mujeres, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de liderar de una manera distinta. Con nuestro ejemplo, podemos mostrar a las siguientes generaciones que dirigir con autenticidad, congruencia y empatía no solo es posible, sino que debería ser el estándar mínimo a seguir.


*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX.


Nota: Cualesquier puntos de vista expresados en esta publicación son estrictamente los de la autora y no deberán ser atribuidos de ninguna forma a White & Case LLP o White & Case, S.C.

Karen Luna

Karen Luna se incorporó a White & Case como asociada del área de Comercio Internacional en 2024, donde se especializa en comercio internacional y litigios aduaneros, asesorando a empresas en procedimientos aduaneros, cumplimiento normativo y regulaciones en materia de cuotas antidumping y subvenciones. Su práctica abarca un panorama regional que incluye tanto México como Estados Unidos, colaborando de manera estrecha con el equipo de Trade de la firma en Washington, DC para atender procedimientos en ambas jurisdicciones, incluyendo investigaciones antidumping, de subvenciones y asuntos aduaneros. Asimismo, asesora a empresas en el desarrollo de estrategias para hacer más eficientes sus operaciones de comercio internacional.

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